Creencias y relaciones de pareja

Taller: Bailando con la ansiedad
enero 31, 2019

Creencias y relaciones de pareja

¡La primera cita tiene que ser perfecta o sino perderé a Marta! ¡Tengo que encontrar la combinación de ropa ideal o Roberto no se fijará en mí! ¡Debo ser divertido y gracioso en todo momento si no quiero que me rechace! ¿Cuántas veces nos hemos topado con creencias limitantes en las relaciones interpersonales? ¿Cuántas veces hemos deseado cambiar las creencias de este tipo?

En este artículo vamos a identificar qué tipos de creencias hay y a aprender a reconocer cuales nos benefician y cuáles nos perjudican o limitan. Basándonos en la psicología analizaremos algunas de las ideas irracionales más asociadas al mundo de las relaciones y en concreto a la seducción americana; con el fin de tener puntos de partida donde empezar a mejorar.

Por otro lado, conoceremos cómo la formamos y cuál es su origen, así ampliaremos el conocimiento necesario para cambiar las creencias en las relaciones interpersonales entendiendo su interacción con el contexto y el papel que tomamos en él. Por último propondremos 6 pautas para cambiar, de forma gradual y auto-dirigida esas creencias limitantes que pueden afectarnos en las relaciones interpersonales: nuestras citas, encuentros con amigos, relaciones laborales etc.

  1. ¿Qué son las creencias?
    1. Tipos de creencias
    1. Ideas irracionales sobre las relaciones
  2. ¿Cómo las formamos?
    1. La infancia y la educación
    1. La sociedad y la cultura
    1. Las experiencias personales
  3. ¿Cómo las cambiamos?
    1. Auto-Conciencia
    1. Permitirse dudar y relativizar
    1. Apertura al cambio: contexto social.
    1. Ponte en la piel de los demás
    1. Reflexión: volver una y otra vez.
    1. Practicar y ser justos con nosotros mismos.

1.     ¿QUÉ ES UNA CREENCIA?

Una creencia es una idea o pensamiento que se asume como verdadero y qué genera las bases de nuestros comportamiento.  Dentro de todo el amplio espectro de creencias que cada uno de nosotros poseemos, a menudo oímos hablar, tanto en el área de las relaciones interpersonales como sobre todo en la seducción de: creencias limitantes y creencias potenciales. 

Pero cómo en Ascenso nos gusta basarnos en la psicología, ¿qué os parece si nos basamos en uno de los importantes para hacer una clasificación distinta?

                1.1. Tipos de creencias

El psicólogo Albert Ellis entendía que existen dos tipos de creencias:

Creencias irracionales: Se fundamentan en el absolutismo y la obligación, en expresiones implícitas o explícitas como “debes”, “tienes qué”, “siempre” etc. Por ejemplo: “Tengo que ser gracioso” “Mi vida será completamente maravillosa”. Como veis, la obligación y el absolutismo pueden poner trabas a nuestras conductas. ¿Qué pasa si a alguien no le parezco gracioso? ¿Y si mi vida en algún momento no es tan maravillosa y paso por una mala racha? ¿Entonces qué? Sentimientos intensos como la culpa, la tristeza desproporcionada o la depresión podrían aparecer en este caso, obstaculizando o incluso bloqueando las acciones que deberían acercarnos a nuestro objetivo. Cómo no he cumplido lo que era absolutamente necesario para lograrlo, ya no puedo lograrlo y me siento realmente mal.

Creencias racionales: Son aquellas que favorecen formas de comportarnos que nos lleven hacia nuestros objetivos. Una de las características esenciales que poseen es “relatividad”, algo que se opone al absolutismo. Por ejemplo: “Es útil ser gracioso cuando hablo”, o “Es preferible resultar atractivo desde el principio”.  Son creencias que no tienen un componente de obligación tampoco, por lo tanto cuando no se cumplen, si bien puede darse emociones negativas como la tristeza o el disgusto, éstas no alcanzan la intensidad suficiente como para bloquear el camino hacia el objetivo de la persona (como ocurre en el caso de las irracionales); puede volver a bromear, o puede crear atractivo  a la larga.

Pongamos un escenario: Tenemos la gran suerte de estar en un pub del centro de la ciudad, a punto de sentarnos a tomar una o dos cervezas con esa persona a la que propusimos vernos hace unos días. Imaginemos que esta persona nos gusta, y que por lo tanto nuestro objetivo es gustarle para crear una relación más intima.

Vamos a proponeros ahora dos bloques de creencias opcionales:

Bloque 1:

-Tengo que impresionarle

-Debo ser gracioso  y tiene que verme seguro y confiado cuando haga bromas.

-Todo tiene que ir perfecto si quiero gustarle.

Bloque 2:

-Creo que podemos encontrar la forma de conectar

 -Es útil que nos riamos juntos, para sentirnos más cómodos y naturales.

-Es posible que ambos estemos nerviosos, y aunque metamos la pata un poco al principio terminaremos encontrando la forma de divertirnos

-¿Con qué bloque os quedaríais?

¿Qué os parece el bloque 2? Estás creencias son relativas, no hay una regla que diga que se deben cumplir si o si, ni siempre (nos gustaría, pero no es una obligación, ni un absoluto).

¿Qué pasa si no le hace gracia ese chiste? ¿Qué pasa si nota al principio que estamos nerviosos? Evidentemente podemos sentirnos mal, pero como no estamos obligados a nada, viviremos ese malestar de forma más leve, y podremos además buscar nuevas vías para seguir avanzando, ya que no necesitamos que el desarrollo de la cita siga una línea tan rígida, y podemos tolerar cambios inesperados, fallos, o lo que sea.

1.2. Las ideas irracionales sobre las relaciones interpersonales

El bueno de Ellis, quiso hacer un aporte más a nuestro artículo en aquella reunión, hace 15 años, y en base a sus estudios, propuso 11 ideas irracionales habituales en las relaciones interpersonales. Os invitamos a que a medida que las leais, reflexionéis sobre cuáles de ellas se dan en vosotros y además qué limitaciones e impedimentos generan en vuestras vidas personales

  1. Tengo que ser amado y tener la aprobación de todas las personas importantes que me rodean.
  2. Para ser valioso debo conseguir todo lo que me propongo.
  3. Los malos deben ser castigados por sus malas acciones.
  4. Es horrible que las cosas no salgan, no sean o no vayan como yo deseo o quiero.
  5. Las desgracias humanas se originan por causas externas y no puedo hacer nada o casi nada para evitar o controlar la pena y el sufrimiento que me producen.
  6. Debo pensar constantemente que puede ocurrir lo peor.
  7. .Es más fácil evitar a las responsabilidades y los problemas de la vida que enfrentarse  a ellos.
  8. Hay que tener a alguien más fuerte en quien confiar.
  9. Mi pasado es el determinante de mi presente y de mi futuro.
  10. Debo preocuparme constantemente de los problemas de los demás.
  11. Cada problema tiene una solución acertada, y es catastrófico no encontrarla.

O como Yago sugirió hace unos días en el consejo de  la semana: para seducir tengo que ir  a la ópera.

Estas son algunas de las ideas que en mayor o menor medida todos nosotros tenemos. Sin embargo no termina aquí, aparte de estas cada uno tiene las suyas particulares, pero en definitiva de alguna forma terminan limitando nuestros actos.

Soy un fracaso si no gusto a esa chica, si el último chico me dejo este también lo hará. Al final, ni somos unos fracasados por no gustar a esa chica en concreto, ni el próximo chico tiene por qué dejarnos. Pero las cosas que nos contamos, y en última instancia, aquello en lo que creemos, distorsionan nuestra interpretación y limitan así nuestros actos.

2. ¿CÓMO LAS FORMAMOS?

2.1. La infancia y la educación.

Según la psicología evolutiva, durante los primeros años de nuestra vida, cuando aún escupimos potitos, empezamos a experimentar nuestro proceso particular y personal de interacción con la realidad. A grandes rasgos, primero somos egoístas y pensamos que solo existimos nosotros, después asumimos que hay una realidad que interpretamos como parte de nosotros, y al final lo separamos y lo consideramos un objeto fuera de nuestra subjetividad, de nuestro mundo interior.

A raíz de esto, para comprender ese objeto externo: la realidad, construimos una interpretación que nos pertenece a cada uno de nosotros. Ésta representación mental del mundo que hacemos durante estos años, y la relación que tenemos con él, marcarán una tendencia en la vida adulta, en nuestra forma de comprenderlo. Es importante entender que es una tendencia, que como tal podemos redirigir y modificar a través de nuestra actitud. Simplemente quiere decir que si nuestra experiencia es amenazante, tenderemos a considerar el mundo como algo similar a largo plazo. Si fuese más segura, el mundo futuro también lo será.

“Si existe una sola realidad verdadera, la realidad siempre se experimenta desde una u otra perspectiva o construcción alternativa. Yo tengo una construcción, tú tienes otra, una persona al otro lado del planeta tiene otra, alguien que vivió hace tiempo tuvo otra, un científico moderno otra, cada niño tiene una e incluso alguien gravemente enfermo de la mente tiene una” G. Kelly.

2.2. La sociedad y la cultura

Teniendo claro esto, tenemos que entender que la segunda causa es, que desde que nacemos y hasta hoy en día nuestras relaciones se manifiestan en un entorno formado por la sociedad y la cultura que ejercen una influencia, a veces para bien y otras para mal en nuestras creencias.

Para bien por ejemplo cuando en Egoland exponemos formas bilaterales de entender las relaciones, cuando mostramos la necesidad de la empatía, el sentido del humor, la honestidad o el respeto, y un lector determinado se ve influenciado por ello.

Para mal, cuando el clásico gurú de la seducción, a este mismo hipotético lector, le plantea el uso de los “negas” de las seducción americana, de la falta de respeto, o de actitudes de autoridad en sus relaciones.

Por profundizar un poco más, os dejamos aquí cinco ideas irracionales habituales de la seducción americana. Esta seducción se ha fundamentado en autores poco cualificados para hablar de estas áreas, y por lo tanto sus métodos e ideas son poco beneficiosos, adaptativos o realistas, y a menudo afectan negativamente a las conductas, procesos y resultados de quienes se ven influidos por ellas.

  1. Si hago todo perfecto, si soy un/a perfecto/a seductor/a, tendré a cualquier chica/o
  2. Las mujeres se sienten atraídas por un prototipo del macho alfa y son mentes pasivas esclavas de factores genéticos.
  3. Si me muestro vulnerable o cedo en las interacciones pierdo “valor” y soy menos atractivo.
  4. Mi calidad como seductor/a está determinada por la cantidad de personas que seduzco.
  5. Cuando en una interacción no obtengo el resultado que deseo, esa mujer me rechaza a mí como persona, y en representación de todas las demás mujeres.

Pero no solo este tipo de micro-contextos, si podemos llamar así al mundo de la seducción influyen en la formación de creencias. También los macro-contextos como la sociedad en la que vivimos pueden cumplir un papel relevante: si es tradicional y machista, o es abierta y liberal, ese ambiente será un elemento importante en la construcción de las creencias que tengamos.

2.3. Las experiencias personales.

Pero la cosa no termina aquí. Nuestras experiencias personales también pueden generar creencias irracionales. La buena noticia es que también sirven para constatar si esas creencias son veraces o no. Si esa veracidad se cumple en las situaciones que vivimos, las creencias se mantienen, y si no, tenemos la posibilidad de  cambiarlas. Por eso es en este apartado en el cual se centrarán con más intensidad las pautas que desarrollaremos en el siguiente apartado.

Si cada vez que me acerco a hablar con alguien me dicen que tengo pinta de idiota, es probable que piense que tengo pinta de idiota a largo plazo. Pero si esto me lo dicen un día, cuando acostumbro a tener reacciones positivas porque creo que acercarse  a conocer a alguien atractivo es algo sano y natural, es improbable que genere esa nueva creencia.

En un sentido u otro las experiencias personales sirven de guía, si bien se tiene en cuenta que la frecuencia, intensidad, e importancia de las experiencias en concreto, determinará si sirven para cambiar una creencia, o crear una nueva.

3. ¿CÓMO LAS CAMBIAMOS?

Hemos llegado al gran momento del artículo: como cambiamos nuestras creencias limitantes. Es importante destacar que en Egoland vamos a alejarnos de perspectivas habituales y vamos a basar el discurso en algunos aspectos centrales como la reflexión, el relativismo, el proceso etc.

Así pues, vamos a empezar con la primera de las seis pautas que os proponemos:

1.     Auto-conciencia

Hemos planteado un contexto en el cual entendemos que solo hay una realidad. Y dentro de esta, cada uno elabora su propia construcción subjetiva de ella. Es lógico entonces asumir que cada uno tiene sus propias creencias, y que por lo tanto cada uno tendrá ciertas creencias limitantes distintas o no a las de los demás.

El primer paso, para poder cambiar algo, es ser conscientes de la existencia de ese algo. Nosotros hemos planteado al principio algunas de las posibles ideas irracionales y creencias limitantes que podríamos tener, pero eso no quiere decir que ninguno de vosotros tenga que tener una sola de ellas.

¿Entonces cómo sabemos que creencias tenemos? Como dijimos antes, explorando nuestra infancia y educación, el contexto social en el que nos movemos y nos hemos movido a lo largo de nuestra vida y las experiencias personales que tuvimos y tenemos.

Si observamos nuestras conductas, pensamientos y emociones habitualmente, iremos creando un conocimiento cada vez más profundo que nos permitirá acceder a las creencias que a veces potencian y a veces limitan nuestros actos.

¿Por qué me puse nervioso aquí? ¿Por qué me cuesta tanto ser amable cuando conozco a alguien? ¿Por qué no soy tan sociable de primeras como el chico brasileño de Becarioland? ¿Qué ha pasado para que me haya cerrado en banda en ese momento?

Ser curiosos con uno mismo, explorar, analizar, reflexionar y sobre todo tener la valentía de poner en duda nuestra forma de interpretar la realidad…en definitiva, elegir tomar más consciencia sobre los patrones de conducta y pensamiento automaticos que tenemos, para posteriormente cuestionarlos y modificar los que decidamos después de reflexionar que deben ser modificados.

2. Permitirse dudar y relativizar.

En relación a las creencias, históricamente ha existido un debate entre dos importantes filósofos: Descartes y Spinoza.

-Descartes afirmaba que primero se realiza un ejercicio de comprensión de la realidad y una vez realizado, se cree en ella.

-Spinoza por otro lado, decía que primero se cree, luego intentamos entenderlo y a partir de ahí podemos dudar o no dudar.

A raiz de este debate, Gilbert y sus colaboradores (1993) http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/8366418  realizaron un experimento psicológico que terminó dando la razón a Spinoza; primero el cerebro tiene una tendencia a creer en la realidad y después viene los demás: comprensión, duda etc.

¡Por eso las creencias irracionales siguen ahí, porque las damos por verdaderas de forma natural pero después no las ponemos en duda!

Todos hemos experimentado alguna vez, la situación de creer como verdades absolutas cosas que nos dicen, por ejemplo un personaje famoso o histórico importante para nosotros. Pero como vemos, eso no quiere decir que porque lo creamos sea cierto en realidad.

Proponemos entonces asumir el planteamiento de Spinoza. Pero que  intentemos entender si esas creencias se basan realmente en verdades o no a través de la “duda metódica” de Descartes, poniéndolas en cuestión, siendo objetivos y generando una dinámica en la cual integramos creencias potenciales y desechamos las limitantes.

Tenemos pensamientos, conductas, ideas…que siempre damos por hecho que son ciertas o están bien, y de repente una nueva persona, un viaje, un nuevo trabajo o simplemente una nueva perspectiva, hace que de repente todo cambie: y sin embargo un mes antes, teníamos esa certeza inamovible de que eso era totalmente cierto y estaba genial.

La propuesta entonces es comprobar si nuestras verdades absolutas, son realmente eso, verdades.  Pero  ¿para quién? Para nosotros mismos por supuesto, pero de tal forma que sean coherentes al contexto. De nada nos sirve por ejemplo, asumir que si somos perfectos tendremos a cualquier persona en nuestros brazos, si luego la realidad no se corresponde con eso y estamos más solos que la una.

¿Cómo lo comprobamos? Dudando, planteando cuestiones, proponiendo alternativas, sembrando un interrogante como premisa a todas nuestras experiencias.

¿Con qué objetivo? Relativizar. Es algo de lo que nos daremos cuenta a medida que dudemos, y es que las verdades absolutas escasean en el mundo, y más aún si se refieren a un mundo tan dinámico y subjetivo como el de las relaciones. Si recordais, esta era una de las características esenciales de las creencias racionales o potenciales, usar menos “debo” y “tengo que” y más expresiones flexibles que toleren el cambio y el fracaso esporádico, como “preferiría” o “está bien”.

¿Significa eso que siempre viviré en la incertidumbre y que ya no puedo creer en nada con fuerza? Para nada, no estamos tan locos, solo significa que en la medida en que somos flexibles con nuestras creencias, cuando el mundo y las circunstancias cambian (y lo harán) tenemos mayor capacidad para adaptarnos, reinventarnos, y en definitiva sentirnos mejor en el proceso y obtener los resultados que queremos con mayor probabilidad.

Por ejemplo, podemos creer que sería interesante o algo bueno amar a una sola persona en la vida, pero eso es muy distinto de pensar que “tengo que”, “debo” o “hay que” amar a una sola persona en mi vida. Porque  ¿Y si en determinado momento mientras vivo con mi novia me siento atraído por otra persona? ¿Cuántas personas en el mundo viven sus vidas en torno a un único amor? ¿Y si ese gran amor se enamora de otra persona? ¿Debemos renunciar al amor de por vida? Hay mil posibilidades de que las cosas no se desarrollen como esperamos en cada situación, por eso es preferible prepararnos, sin cohibir nuestros deseos de que las cosas funcionen de determinada manera en el mundo.

3. Apertura al cambio: contexto social.

¡Mami yo no quiero pescado¡¡Mama te he dicho que yo no como pescado!¿Mama, vengo una vez cada dos meses a casa y me pones pescado?

Imaginaros esta escena, toda la vida odiando el pescado, sin comerlo durante años. Pasado ese tiempo, las circunstancias nos llevan a estar comiendo en casa del novio o de la novia, y tenemos la mala suerte de que la suegra nos ha cocinado merluza. De repente, sudorosos, nerviosos y reticentes le damos un bocado pequeño y ¡bum! ¡Pero si me gusta el pescado! Y al final de la noche se lo contamos a nuestra madre y nos deshereda.

Pero fijaos bien, que para darnos cuenta de eso, previamente hemos pasado años cerrados al cambio, sin permitirnos volver a probar el pescado, y ha sido una circunstancia externa la que nos ha hecho cambiar, podríamos haber pasado toda la vida sin darnos cuenta de no ser por eso.

¿No sería más fácil y menos costoso estar abiertos al cambio? ¿Ser la causa del cambio, y no vivirlo como una consecuencia de algo ajeno?

 Por llevarlo a un ejemplo más adaptado a las relaciones. Imaginaros que somos una de esas personas que piensa que “las personas no se sienten atraídas por aquellos que se muestran vulnerables”. La primera opción es evidente, asumimos eso y vivimos toda una vida así, con lo que previsiblemente será una angustiosa experiencia de nuestras relaciones con las personas que nos atraen; sin permitirnos fallar, tener miedo y mucho menos que eso lo perciban ellas.

Ahora  planteemos qué pasaría si habitualmente estuviésemos dispuestos a relacionarnos con cualquier mujer, en el autobús, en el metro, en clases de baile, en un viaje, en una fiesta… expresando nuestros sentimientos, emociones e inseguridades cuando surgen, y preguntándoles lo siguiente: ¿Qué te parece que sienta esto y te lo diga?¿Te parece atractivo?

Probablemente nos encontraríamos con múltiples respuestas. No negamos que alguna persona pueda sentirse exclusivamente atraída por la genuina seguridad, pero a medida que ampliamos la perspectiva y los límites de nuestro conocimiento, nos damos cuenta de que los gustos de una persona pueden ser muy variopintos y diferentes, y que además cuando nos mostramos vulnerables favorecemos que la otra persona también pueda hacerlo, y que esa comodidad permita aumentar las posibilidades de generar una mayor conexión.

¿Os dais cuenta entonces? Tan importante es moverse por contextos que puedan permitirnos cambiar: nuevos lugares de ocio, de viajes, de trabajo etc. Como estar dispuestos a esa opción de cambio.

Podemos tener las mejores gafas de Alain Afflelou, incluso tener el segundo par de gafas gratis, pero si no estamos dispuestos a abrir los ojos, seguiremos sin ver nada.

4. Ponte en la piel de los demás

Esta es una herramienta muy conocida dentro del mundo Egoland. A menudo la aplicamos en la interacción, para persuadir a los demás, o mejorar el entendimiento mutuo.

Hoy queremos proponeros utilizarla con nosotros mismos, como si las otras personas nos gritara, ¡eh, ponte en mi piel, colega! A menudo damos por hecho lo que los demás están pensando, o el motivo por el cual hacen una cosa u otra.

¡María me ha rechazado porque me ha visto asustado! ¡Rigoberto está harto de que le mande whatsapp!

Pero…¿hemos siquiera intentado ponernos en su piel? ¿Quizás solo estamos interpretándolo todo en función a como nosotros creemos que tiene que ser? A veces pensamos que nos rechazan por estar asustados, por ser pesados, o por ser invasivos sin ningún dato real que lo corrobore. Y a menudo, el origen de estas interpretaciones erróneas vienen de nuestras propias creencias:

-Tengo que mostrarme seguro para gustar a alguien.

-Tengo que proyectar que no estoy muy necesitado o le espantaré.

-La interacción tiene que ser perfecta si quiero tener éxito.

La cuestión es, si María realmente me rechazó o si en el caso de hacerlo fue porque estaba asustado o porque ella tenia un mal día o simplemente tenia novio Por otro lado ¿Rigoberto no nos ha contestado porque esta harto, o porque estaba ocupado? ¿O por que no hace ni caso al whatsapp?

Y sin embargo, estas otras posibilidades nunca nos las planteamos, porque realmente no nos estamos poniendo en su piel. Habitualmente en otros blogs, nos plantean preguntas, que están bien intencionadas, pero realmente nos acercan como mucho a la duda de lo que creemos, pero no al hecho de ponernos en el lugar del otro. Por ejemplo: ¿realmente está pensando eso? ¿Qué datos reales tengo? ¿Qué motivos tendría? ¿Es ese tipo de persona? ¿No puede ser que la realidad sea otra?

Vamos a plantear un guión que podría servir para ejercitar esta capacidad de mejor manera:

  • ¿Cuál es la visión del mundo y los valores de esta persona? ¿En qué cree?
  • ¿Qué puede estar sucediendo en su vida ahora mismo que pueda repercutir en esta situación?
  • ¿Cómo se siente? ¿Qué emociones? ¿Qué sentimientos?
  • ¿Cuáles son sus objetivos? ¿Qué espera de la vida y de los demás?
  • ¿Cómo me ve? ¿Qué puede estar percibiendo en mi?

Estas son preguntas que realmente nos predisponen a interpretar las cosas desde la perspectiva de la otra persona. Queremos saber más no solo en lo que a la situación en si se refiere, sino en todo lo que la persona es globalmente, su contexto socio-cultural, emocional y conductual. E incluso sentimos curiosidad por cómo nos ve a nosotros.

De esta forma, conseguimos información, que bien por si misma o bien porque nos invita a comportarnos de otra manera, nos hace vivir experiencias distintas y modificar las creencias que no se ajusten al contexto global.

5. Reflexión: teoría-práctica-teoría

Las creencias son aspectos profundos de cada uno de nosotros. Podríamos decir que son atajos, o ideas automáticas, que nos permiten interpretar el mundo rápidamente utilizando pocos recursos. Por eso mismo no es tan fácil cambiarlas, porque son parte del cimiento con el cual construimos el mundo (el bueno de Kelly).

Pero no solo este psicólogo fundamenta esta perspecitva, en un estudio realizado por Lerner y Miller (1978) http://psycnet.apa.org/journals/bul/85/5/1030/ analizaron una creencia habitual que es la de considerar que “el mundo es justo”. Esto lleva a asumir por ejemplo que los enfermos merecen su enfermedad, o los pobres su pobreza, por una cuestión de economización de recursos mentales.  Los autores concluyeron lo siguiente:

«La creencia de que el mundo es justo capacita al individuo para enfrentarse a su entorno físico y social como si fueran estable y ordenado. Sin tal creencia sería difícil para el individuo que se comprometa a la consecución de objetivos a largo plazo o incluso al comportamiento socialmente regulada de la vida del día a día «

Esta creencia no está especialmente relacionada con el contexto que tratamos aqui, pero el estudio evidencia la utilidad de las creencias para generar orden y estabilidad en nuestras experiencias sin tener que analizar exhaustivamente cada situación concreta, creamos constructos como diría Kelly.

Además, una creencia puede formarse muy rápidamente  en nuestra infancia, y luego ser complicada de cambiar. Como por ejemplo ocurre con las personas que han sido criadas en un ambiente racista o sexista. Sin embargo, el objetivo es posible si asumimos que será necesario un proceso de cambio.

Y como proceso, es necesario que reflexionemos. Si las creencias no cambian inmediatamente, es lógico sugerir que las pautas que hemos planteado deben aplicarse disciplinadamente, es decir, con hábito y constancia. Eso implica:

  1. Observar a la realidad y a nosotros mismos.
  2. Aplicar las pautas
  3. Obtener cambios en el resultado y el proceso de la experiencia.
  4. Reflexionar: ¿Qué ha cambiado? ¿Qué ha provocado esos cambios? Etc.
  5. Aplicar las pautas, ajustándolas a esa reflexión (teoria).
  6. Nuevos resultados.

Este ciclo, se repetirá más o menos veces, en función de la importancia de las experiencias que vivamos, la intensidad de nuestras propias creencias hasta ese momento, o la eficacia y constancia con la que apliquemos esas pautas, entre otras causas.

6. Practicar y ser justos con nosotros mismos.

¡Ojo y pestaña a este último apartado! Ninguna de estas pautas tiene sentido ni efectividad si no lo complementamos con las acciones y conductas en nuestro día a día. De nada sirve recitar frases poéticas y fantásticas al espejo, si cada día de nuestra vida, actuamos de la misma forma cerrada y equivocada.

Pongamos el caso de tener como creencia limitante la de: solo puedo seducir a una persona si soy perfecto. Ya sería importante dar pasos en cuanto a todo el aspecto mental, pero si al final cuando quedamos con ella o él seguimos tratando de ser perfectos, pocos resultados conseguiremos.

Es necesario permitirnos experimentar situaciones distintas, actuar de forma diferente, pensar de forma diferente, sentir de forma diferente. Recordad que queremos cambiar creencias, y “cambiar” está delante de “creencias”.

En el ejemplo que hemos puesto, será necesario no solo plantear una nueva mentalidad, y estar predispuestos a entender qué quieren las mujeres de los hombres, por poner ese caso, sino que además será preciso que actuemos permitiéndonos fallar, o ir despeinados, o decir una broma que solo nos haga gracia a nosotros, o no pagar sus cervezas si no tenemos un duro.

Y aparte de eso, es necesario, útil y justo con nosotros mismos, ser generosos a la hora de reconocer y premiarnos los pequeños pasos que vayamos dando. Nadie se convierte en un gran músico o un gran cocinero de la noche a la mañana. Tenemos que estar dispuestos a tolerar y buscarles una utilidad a nuestros fallos, pero también a ser conscientes y alegrarnos de los aciertos y los exitos que consigamos.

Imaginaros que pasaría si cada vez que Eric Clapton, el gran guitarrista, dominaba un nuevo acorde mientras aprendía, lo hubiera pasado por alto y no se hubiera alegrado por ello, ni lo hubiese vuelto a usar nunca más. ¿Habría llegado a ser el guitarrista que es hoy? ¿Habría siquiera aprendido a tocar?  No somos adivinos, pero es probable que al menos no fuese quien es hoy respecto a la música.

Por eso os invitamos a que para aprender a tocar la guitarra de las relaciones interpersonales, estéis dispuestos a tolerar tocar mal los acordes, y también a ser justos y  alegraros y sonreír cada vez que claveis un solo.

Al final, nuestra vida es una interacción de conductas, pensamientos, emociones, experiencias…si eliminamos uno de los elementos de la ecuación, la mesa cojea, de ahí la importancia de no quedarse solo en la teoría, y sumergirse también en la práctica. Para terminar, explicitar que las creencias solo cambian de la mano de nuestras experiencias:  

“Si nos cerramos al cambio de las experiencias, nos cerramos al cambio de las creencias. Y si nos cerramos al cambio de las creencias, nos cerramos al cambio de las experiencias.” Ascenso

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